martes, 20 de mayo de 2014

Costo de Vida en Bs. As. en 1790

Costo de vida en Buenos Aires para 1790



Cómo vivían, se vestían, comían y transcurrían su vida cotidiana los habitantes de aquel Buenos Aires colonial defines del siglo XVIII, lo describe Andrés Carretero a través de un relato minucioso y documentado, ameno y esclarecedor.

Por Andrés M. Carretero *


Contrariando la opinión general, la vida en la época colonial, en Buenos Aires y su campaña, no fue fácil ni barata.

Una casa de tres habitaciones, dependencias para el servicio y tres patios, ubicada en el barrio de Santo Domingo, no se podía adquirir por menos de cuatro mil quinientos a cinco mil
pesos, dependiendo de la calidad de los materiales empleados y si tenía terraza.

El amoblamiento de la misma superaba los dos mil quinientos y se acercaba mucho a los tres mil, o algo más si los muebles eran de jacarandá o nogal o fabricados en España o Francia y traídos por encargo.

Los cortinados, fundas de los muebles, espejos, almohadones y otros complementos representaban como mínimo los quinientos pesos, dependiendo de los géneros usados, pues había diferencias apreciables entre el damasco, la seda y el algodón posibles de utilizar en ellos.

En lo referente a la comida y la bebida, los gastos anuales eran tolerables, dado que el alimentos básico era la carne, tanto vacuna, como ovina o porcina, a la que se agregaban los animales domésticos, las aves de corral o los salvajes de la fauna menor. Pero en promedio se necesitaba, para una familia que podemos llamar tipo para la época, de cinco personas y otros tantos sirvientes, no menos de 8 ó 10 pesos diarios, que eran entre 250 y 300 mensuales, o sea, unos 1.100 al año.

Aunque parezca excesivo este gasto en comida y bebida, debe considerarse que el personal de servicio no cuidaba los utensilios utilizados y buena parte de los elementos usados eran tirados a la basura o dados a los perros y gatos de la casa o a los limosneros que a diario hacían sus recorridas por el polo urbano de la ciudad.

Respecto a estos mendicantes, hay relatos que indican a varios de ellos con sitios reservados en la Plaza Mayor, donde se dirigían, junto a su o sus perros, cuando habían logrado la cantidad de comida apetecida y, tirados en el suelo, daban entre todos cuenta de lo recogido.

Respecto a los gastos de comidas y bebidas, existía la recomendación de tener como plato principal, carne de vaca hervida, no asada, acompañada con mate o agua.

Una estimación promedio del costo de la batería de cocina era de cien pesos o algo más, siempre que predominaran las piezas de cobre, pues si se preferían las de plata, esa cantidad se multiplicaba por cuatro.

La cantidad de ropa blanca para las camas, como las toallas, insumía al año una suma estimada en cien pesos.

Un gasto nunca ajustado y siempre cambiante fue el correspondiente al calzado de las mujeres mayores, pues además de hacerse en cada casa los zapatos, para ahorrar una buena suma, esa confección casera resultaba ajustada al gusto estético de quien los llevaría, pero deficiente y, por ello, al año cada mujer necesitaba renovar el calzado entre cuatro y cinco veces.

A ello había que agregar que cada dueña de casa, como sus hijas en edad de casarse, necesitaban por lo menos tres tipos de calzado. Uno para entrecana, otro para salir de visita o compras y un tercero para las reuniones sociales, donde se bailaba.

Un gasto que era incontrolable e imposible de evitar era el ocasionado por el mal trato que los esclavos del servicio doméstico daban al menaje que no era metálico. Hay muchos inventarios de bienes, que indican ese menaje como averiado en mayor o menor proporción y son muchos los juegos de tazas, platos, copas o vasos incompletos o desportillados. Muchas de las piezas metálicas ‑bronce, hierro o plata‑ presentaban abolladuras y hasta rajaduras que afeaban el aspecto o imposibilitaban el uso. No eran raros en los inventarios los asideros o mangos defectuosos y hasta faltantes.

La cantidad de personal doméstico variaba de casa a casa, pero para la familia tipo mencionada, no era menos de cinco. El precio promedio de cada uno de ellos era de entre 200 y 300 pesos, dependiendo de la edad, tiempo de estada en la ciudad y habilidades. Su distribución en las tareas de la casa era más o menos fija. Este personal se componía de un cocinero para hacer las compras en el mercado y distribuir el menú diario en forma armónica y dentro del presupuesto disponible; una persona para acarrear el agua necesaria en la cocina y para fregar los utensilios usados; una tercera para paje y lacayo, que acompañaba a la señora de la casa al templo, a recorrer tiendas y a hacer las compras y que se ocupaba de la limpieza de los niños; una cuarta persona era quien hacía de cochero y en los ratos libres se ocupaba de la limpieza de la casa y demás menesteres interiores.

En las familias pudientes, a este plantel básico se agregaba la negra de cría, así llamada por ser quien amamantaba a los niños pequeños y ayudaba a la señora en la intimidad de su alcoba. Todo ese personal doméstico de origen esclavo estaba supervisado por el mayordomo blanco que los controlaba y corregía, evitando roturas y robos.

Como no había profesionales en ese entonces para este último trabajo, se lo agregaba con una asignación anual y un lugar para vivir. A pesar de estas ventajas, hubo quienes lograron ubicarse en el seno de familias importantes para desaparecer al poco tiempo, con dinero, alhajas o ropas, como consta en el archivo de Tribunales.

Otro gasto que significaba preocupación era la limpieza y conservación de las prendas, pues además del lavado era necesario almidonarlas, especialmente las enaguas y los delantales, para cuando se recibían visitas. La ropa de uso personal y la de cama e higiene, se deterioraba bastante, por el método utilizado para lavarla, ya que los jabones usados estaban fabricados en base a lejías que debilitaban, cuando no carcomían, las fibras de los tejidos, junto con el apaleamiento complementario, que se hacía en las toscas del río, para sacar de ellas los excesos de jabón.

En general esa sociedad colonial puede ser considerada como austera, salvo cuatro vicios. Uno de ellos era el abanico, prenda imprescindible para una mujer que apreciaba la elegancia y la sofisticación sociales. Otro correspondía a los hombres y era el uso de relojes de bolsillo, también considerados esenciales, para completar el vestir masculino en todas las actividades diarias. Un tercero era de hombres y mujeres, y consistió en el consumo de tabaco y de rapé. Este último se decía que estaba reservado para las personas de estudio y se le atribuían propiedades para aclarar los pensamientos y tener la cabeza clara.

El cuarto defecto o vicio fue el de la excesiva limosna, cuando superaba las realidades fácticas de quien la prodigaba. Hubo familias que hicieron una cuestión de honor de la cantidad de mendicantes que acudía a su puerta a diario para obtener comida, ropa, calzado. Esa ayuda incluía a sacerdotes, sin distingo de órdenes.

Son muy raras las manifestaciones sobre mujeres dadas al excesivo consumo de bebidas, pues ni aún entre las esclavas, manumitidas o libertas han quedado registros de sus nombres o costumbres.

Un rubro de poca repercusión en la sociedad de su tiempo es el que corresponde a los gastos en bibliotecas y libros, posiblemente por el elevado precio de ambas cosas.

De los inventarios, legajos y herencias posibles de consultar, se desprende que las casas más lujosamente puestas, correspondían al alto clero, especialmente en los rubros de muebles, ya que en ellas predominaron los de jacarandá con patas torneadas de pie de cabra, colgaduras de damasco y hasta mulas mansas con las consiguientes guarniciones adornadas con penachos de seda.

Dado los cambios ocurridos en la economía argentina resulta imposible hacer una estimación del valor adquisitivo de la moneda de aquel entonces comparándola con la actual, pero es posible inferir que el presupuesto de la familia tipo considerada, significó el equivalente de quince o más de las familias de los sectores trabajadores.

* El autor es historiador porteño. Este artículo fue publicado en “Historias de la Ciudad – Una Revista de Buenos Aires”  (N° 18, Diciembre de 2002), que autorizó su reproducción a la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.


La Panamericana

14.08.2005 | Clarín.com | Suplemento Especial

DOS RUTAS CON HISTORIA
La leyenda de la 40 y la Panamericana

Escenarios de aventuras inolvidables, una vincula el norte del país con la Patagonia y la otra enlaza el continente americano.




De Patagonia al Polo Norte, con escalas

La idea de extender una vía terrestre que uniera el sur del continente con el extremo más lejano de América del Norte fue manifestada por primera vez en el marco de la Conferencia Panamericana de 1889-90, celebrada en Washington. Según el proyecto original, la Carretera Panamericana debía enlazar todas las capitales del continente americano, desde Buenos Aires hasta Juneau, en Alaska. Un trazado de 22.400 kilómetros que cruzaría varias veces desde la costa atlántica hasta el borde del Pacífico.

La propuesta fue adoptada por el Congreso Panamericano de Carreteras, que la Organización de Estados Americanos (OEA) organizó en Buenos Aires 36 años más tarde. Un sueño ambicioso, que apuntaba a achicar la brecha entre el norte industrializado y el sur en vías de desarrollo, y empezaría a tomar forma en 1931.

De a poco, los múltiples matices de las culturas latinoamericana y anglosajona empezaron a vincularse gracias a la ruta intercontinental. Pero, si bien los sucesivos congresos mejoraron las trazas de las rutas más convenientes y los países fueron concluyendo las obras de sus tramos nacionales, faltaba completarse un eslabón clave: un tramo de 310 kilómetros desde el norte de Colombia hasta el istmo de Panamá, conocido en la región como "Tapón de Darién". Algo avanzaron estos dos países separados por la historia a principios del siglo XX, pero todavía no consiguen ponerse de acuerdo para completar la construcción de los últimos 108 kilómetros. Panamá esgrime una razón de peso: Darién fue declarado "Patrimonio Mundial de la Humanidad" y "Reserva Mundial de Biosfera" y la obra podría causar un impacto negativo a la biodiversidad.

En la Argentina, la naciente Ruta 9 Panamericana empezó a desarrollarse aceleradamente en los años ''40. Muy rápido, se transformó en una moderna salida pavimentada desde Buenos Aires hasta Jesús María (Córdoba), entre Loreto y las Termas de Río Hondo (Santiago del Estero) y en el tramo que va de Cabeza de Buey hasta Salta capital.

A tal punto llamó la atención de los adeptos a los largos viajes en busca de bellezas naturales poco exploradas, que dio lugar a la creación de la gran "Diagonal Buenos Aires-Lima", un espectacular recorrido de 4.843 km ida y vuelta por innumerables sitios de interés cultural, paisajístico, arqueológico y arquitectónico.

Los que se animaban a la travesía preferían salir de la Argentina por La Quiaca, subir por Sucre, Oruro y La Paz, en Bolivia, y en Perú alcanzar Puno, Cuzco (la antesala de Machu Picchu), Ayacucho y el cerro de Pasco. El regreso se hacía por Lima y el norte de Chile. Una buena parte del sueño intercontinental se cumplía con esfuerzo.


Desde la Puna hasta la Patagonia

La 40, la ruta más larga del país, recién dice basta a pocos pasos de Abra Pampa, Jujuy. Su recorrido sinuoso de 4.470 km bordea la ladera oriental de la Cordillera de los Andes y trepa hasta 5 mil metros en Acay (Salta), para erigirse en el camino para autos más alto del mundo. Despega del Cabo Vírgenes (al sudeste de Santa Cruz) y antes de alcanzar la Puna atraviesa una larga secuencia de paisajes soñados, todos los climas, 20 reservas naturales y parques nacionales, 18 ríos, 263 puentes, 13 lagos y salares, 27 pasos cordilleranos, 11 provincias y 123 pueblos y ciudades.

Tanta diversidad a los costados de este camino que alterna pavimento, ripio y tierra en partes iguales propone una travesía llena de magia. En 1945 ya estaba trazada (fue inaugurada diez años antes) y era escenario de viajes inolvidables que realizaban intrépidos aventureros. Todavía hoy recorrer la ruta 40 de punta a punta sugiere una epopeya.

En la década del ''50, los carteles que indicaban "RN 40" frecuentemente eran cubiertos por el polvo que levantaban los autos de Turismo Carretera y los coches estándar, durante los grandes premios organizados por el Automóvil Club. El público que se apiñaba sobre las banquinas improvisadas literalmente "tragaba tierra" al paso de sus ídolos. En virtud de la desmesurada extensión de "La cuarenta", la Dirección Nacional de Vialidad decidió desdoblar la ruta en dos tramos (Norte y Sur) y establecer un mojón cero común en la ciudad de Mendoza. Por eso, los mendocinos reconocen la céntrica esquina de San Martín y Garibaldi como "Kilómetro 0".

El mayor encanto radica en la ubicación cercana (no necesariamente visible desde el camino) de muchas singularidades, bellezas naturales y misterios a los que conduce esta ruta envuelta en profundos silencios. De sur a norte, una antojadiza selección de esos sitios imperdibles debería tener muy en cuenta el Cañadón del río Pinturas —cerca de Perito Moreno, Santa Cruz, donde la Cueva de las Manos conserva aleros con pictografías milenarias—, los embalses del río Limay (El Chocón, Piedra del Aguila y Alicura), el Valle de la Luna (en San Juan), el Parque Nacional Talampaya (La Rioja), las ruinas de los indios quilmes (Amaicha del Valle, Tucumán) y la luminosa planicie blanca de las Salinas Grandes, en Jujuy.

El itinerario también se pierde en parajes ignotos. Pero siempre retoma el rumbo y vuelve a juguetear con la Cordillera.

Cristian Sirouyan
csirouyan@clarin.com



http://www.clarin.com/suplementos/especiales2/2005/08/14/l-1032456.htm






La Avenida General Paz


La avenida General Paz


Fue la primera autopista del país, diseñada y construida por proyectistas y empresas nacionales entre 1937 y 1941. Su inauguración simbólica tuvo lugar un 5 de julio hace sesenta años.
Por Susana H. Boragno *
  Resultará interesante recordar los pasos que dieron origen a la avenida de circunvalación de la ciudad porteña, cuyos antecedentes se encuadran en buena parte dentro de nuestra historia nacional. Cuando en 1580 se fundó Buenos Aires y se repartieron solares, la traza de la ciudad no era más que un rectángulo de 16 cuadras de frente por 9 de fondo delimitado por las calles hoy llamadas Balcarce-25 de Mayo, Viamonte, Libertad-Salta y Estados Unidos. En 1608 la Comisión nombrada para fijar rumbos y medidas en el acta hizo constar que el límite de la barranca se "medía desde la barranquilla donde bate el agua."
  El 21 de mayo de 1762, por un acuerdo del Cabildo se amplió la traza urbana al indicarse "que la frente de ciudad y ejido se toman dejando por frente 24 a 25 cuadras ... se designan 12 cuadras desde la frente que se ha señalado". Treinta y dos años después, en 1794, la ciudad tenía 25 cuadras de frente por 13 de fondo con 421 manzanas. Y el 6 de marzo de 1826, el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas sancionó la primera ley declarando a Buenos Aires Capital de Derecho de la Nación. Los límites estaban dados por el puerto de las Conchas y de Ensenada entre los ríos de la Plata y de las Conchas (hoy Reconquista) hasta el Puente de Márquez, y desde este tirando una línea paralela al Río de la Plata hasta dar con el río Santiago. Esta ley no se cumplió.1 Para ese entonces, los bordes urbanos hacia el oeste eran las avenidas hoy llamadas Entre Ríos-Callao y la población rondaba los 55.000 habitantes.
  En 1853 se aprobó la Constitución Nacional en la que se estableció que Buenos Aires sería residencia de derecho de las autoridades nacionales. Pero como Buenos Aires se había separado de la Confederación, esta ley tampoco fue cumplida.
  Después de la batalla de Pavón, en 1862, Buenos Aires se incorporó definitivamente al resto del país y el gobierno provisorio trató de federalizar toda la provincia. El 12 de agosto se sancionó la Ley Nacional N° 12 por la que se la federalizaba por cinco años, pero la Legislatura de Buenos Aires la rechazó.
  Surgió como solución precaria la llamada "Ley de Compromiso o de Residencia". De este modo, la ciudad de Buenos Aires fue por cinco años residencia de las Autoridades Nacionales con jurisdicción en todo el Municipio. En dicha oportunidad no se determinaron sus límites, que fueron fijados más adelante mediante una ley dictada en 1867. Ellos fueron el arroyo Maldonado desde su desembocadura en el Río de la Plata hasta tocar el límite este (terreno conocido en el plano de Sourdeaux con el nombre de Calderón); al oeste las calles Rivera (hoy Córdoba), Medrano, Castro Barros y Boedo hasta el Riachuelo; al sur el Riachuelo y al este el Río de la Plata. La superficie total llegaba a las 4.000 hectáreas y la población sumaba 177.000 habitantes. Pero quedaba pendiente un tema a resolver: el problema de la Capital Federal.
  Al final de la década del 80 el asiento de las autoridades nacionales y provinciales en una misma ciudad trajo, en la práctica, grandes inconvenientes, especialmente en la campaña electoral de 1880. El doctor Carlos Tejedor, gobernador de la provincia de Buenos Aires, fue proclamado candidato a la presidencia de la República. Su oponente era Julio A. Roca.
  La lucha exasperó la pasión política de tal modo que las autoridades nacionales tuvieron que abandonar la ciudad y refugiarse en el pueblo de Belgrano. Esta circunstancia motivó que la Nación declarara rebeldes a las autoridades de la provincia. Los enfrentamientos armados entre ambas milicias produjeron más de 4.000 muertos.
  Con el triunfo del Presidente Nicolás Avellaneda sobre Carlos Tejedor, el Congreso Nacional reunido en el salón principal de la Municipalidad de Belgrano (hoy Museo Sarmiento), dictó el 20 de septiembre la Ley N° 1.029 que declaró "Capital de la República el Municipio de la Ciudad de Buenos Aires bajo sus límites actuales". Finalmente, por Ley N° 2.089 del 28 de septiembre de 1887 dichos límites fueron ampliados con la incorporación efectiva de los partidos provinciales de San José de Flores y Belgrano. La entrega definitiva se hizo al año siguiente, durante la gestión del intendente Crespo.
  El artículo sexto de esta ley decía que el Poder Ejecutivo debía proceder oportunamente a fijar la línea divisoria y construir, a costa de la Nación, una calle de cien metros de ancho cuanto menos, en el mismo límite del territorio cedido. De allí que la avenida General Paz quedó en su totalidad en jurisdicción de la Capital Federal, incluso lo que hoy conocemos como colectora, pues llega hasta la línea de edificación de las propiedades en territorio provincial. Por esto también quedó en la órbita de la Policía Federal. En 1889, por último, se terminaron de fijar los nuevos límites capitalinos con la intervención de los ingenieros Blot por la ciudad porteña y Silveyra por la provincia de Buenos Aires. Ahora la superficie totalizaba 18.500 hectáreas y la población ascendía a 440.000 habitantes.

El trazado


  Una vez incorporados los partidos de San José de Flores y Belgrano, se trató de diseñar una gran avenida de trazado poligonal y rectilíneo para determinar los límites entre capital y provincia. Dicho dibujo, hoy reconocido por todos, fue posible merced a canjes de tierra entre ambas jurisdicciones. El partido de Flores llegaba hasta Ciudadela formando un triángulo que limitaban las avenidas Díaz Vélez y Alvear. Dicho sector fue canjeado por otro triángulo del partido de San Martín formado por las avenidas Francisco Beiró y de los Constituyentes, que en ese entonces entraba a la Capital. En el partido de Belgrano ocurría lo mismo, pero con superficies menores. El camino resultante fue denominado sucesivamente "Límite del Municipio", "Calle de Circunvalación" y "Avenida General Paz" por una resolución del 28 de octubre de 1904. Fue concebida para rodear buena parte de la ciudad; el resto tenía por límite a dos cursos de agua: el Río de la Plata y el Riachuelo.
El convenio entre la Capital y la Provincia
  Los interesados en el trazado de la avenida eran la Nación que la costeaba, la Municipalidad a cuyo territorio se incorporaba y la Provincia de Buenos Aires porque fijaría sus límites con la Capital. La Ley N° 2.089 no fue precisa en sus términos en este último aspecto, pues se limitó a establecer en su artículo séptimo que el Poder Ejecutivo celebrara con el Gobierno Provincial "las estipulaciones del caso".
  La Ley N° 12.134 que incorporó la obra a la Ley Nacional de Vialidad N° 11.658 estableció que la ejecutora de la obra debía, según el decreto N° 54.776 del 15 de enero de 1935, celebrar los convenios en nombre y ad referendum de la Municipalidad de la Capital y la Provincia de Buenos Aires.
  El convenio con la Municipalidad fue firmado el 30 de octubre de 1936 y aprobado por decreto del Poder Ejecutivo N° 95.119 del 26 de noviembre de ese año. En él se determinó el ancho y la ubicación de las calzadas a pavimentar, el criterio técnico para los cruces de calles y vías férreas y las contribuciones de los propietarios frentistas.
  El acuerdo con la Provincia de Buenos Aires se formalizó con su organismo técnico, el Consejo Provincial de Vialidad, el 14 de septiembre de 1936 y fue aprobado por Ley N° 4.484 promulgada el 23 de octubre.
  En su artículo 1° estableció que las propiedades que daban frente a la avenida dentro del territorio de la provincia quedaban sujetas al pago de la pavimentación y sometidas al mismo reglamento que la Capital (Ley de Pavimentación N° 11.593) y en su artículo 2° ratificaba la obligación de los propietarios de los inmuebles situados en una zona de 200 metros paralelos y contigua a la futura avenida, soportando el impuesto al mayor valor (Ley N° 12.134).
  El Poder Ejecutivo Nacional emitió el decreto N° 83.202 del 27 de mayo de 1936 firmado por el Presidente Justo con el objeto de salvar dificultades que entorpecieran o demoraran la
ejecución de la obra. La idea era que pudiera liberarse al uso público en el más breve plazo. Y autorizaba a la Dirección Nacional de Vialidad a invertir hasta la suma de 3.000.000 de pesos moneda nacional para la expropiación de los terrenos necesarios.

Expropiaciones y especulaciones
  La Ley 4.506 del 29 de diciembre de 1904 confió a la Municipalidad la tarea de expropiar los terrenos necesarios y los declaró de utilidad pública. La superficie total era de 2.440.000 metros cuadrados en una longitud de 24,4 kilómetros.
  No había catastro de propiedades, ni padrón completo de propietarios, ni plano general por donde pasaría la avenida para determinar la superficie a expropiar, por lo que se trabajó sobre el terreno y en una zona de 200 metros de ancho a ambos lados de la traza. Ello sirvió al posterior revalúo y nuevo relevamiento de propiedades frentistas con suficiente precisión. Fue un trabajo de varios meses.
Las expropiaciones se concretaron de dos formas: por acuerdo de partes bajo escritura pública y por vía judicial en los casos en que los propietarios no estuvieran conformes con el precio a cobrar o por especulaciones de sus dueños. No olvidemos que el trazado de una avenida de 100 metros de ancho valorizaba los terrenos linderos. Esto último incrementó mucho el total a pagar. Hubo casos en que hasta se quintuplicó el valor de estos inmuebles. Numerosos propietarios de terrenos afectados, lejos de esperar o pedir su expropiación encontraron más conveniente lotearlos publicitando su ubicación frente a la nueva avenida. La especulación llegó a niveles tales que los vendedores dejaban una franja de tierra de ancho variable para luego presentarse solicitando la indemnización.
  Por tales abusos, el presidente de la Suprema Corte, Dr. Roberto Repetto, fundó su voto en el juicio Calderón versus Municipalidad (13-7-1918) en los siguientes términos: "Las enajenaciones practicadas con frente a la avenida dejan suponer en quien las realiza el propósito de renunciar a toda indemnización por el valor del terreno que a tal fin se cede". (Jurisprudencia Argentina, T.2 Pág.47) Y continuaba expresando: "La expropiación no debe ser una fuente de ganancias, lo ideal es la compensación justa y resarcimiento del perjuicio".


Impuesto al mayor valor
El hecho de valuar adecuadamente no era sólo abaratar los costos de la obra sino también salvaguardar la posibilidad de hacer efectiva la contribución que tenían que abordar los particulares beneficiados. Había que introducir prudentes limitaciones a los intereses individuales en defensa de los públicos. En efecto, la Ley N° 12.134 establecía en su artículo sexto que la Dirección Nacional de Vialidad valuaría la tierra libre de mejoras dentro de una faja de 200 metros de ancho de cada lado y 5 años después haría una nueva valuación a fin de fijar el mayor valor resultante. Sobre este nuevo valor se aplicaría una contribución de mejoras del 50% pagaderos en 10 cuotas anuales que se distribuirían entre la Provincia y la Municipalidad de Buenos Aires de acuerdo con lo percibido en sus respectivas jurisdicciones.
  Una vez concluidas las expropiaciones, se obtuvo la posesión inmediata de los terrenos otorgados por la justicia y entonces la Municipalidad entregó todas las propiedades adquiridas y expropiadas a la Dirección Nacional de Vialidad, según lo disponía la Ley N° 12.134. Este último organismo, encargado de la construcción de la nueva avenida, había sido creado en 1932 mediante Ley N° 11.658.
  La avenida General Paz entraba dentro del plan de mayor importancia a desarrollar por Vialidad Nacional. Daría múltiples beneficios, comunicaría los partidos bonaerenses limítrofes y resolvería los problemas de acceso a la Capital Federal.
  Se trabajó con acuerdo de diferentes organismos oficiales, entre otros Obras Públicas, Obras Sanitarias, Registro de la Propiedad, Juzgado Federal, Contribución Territorial y la Dirección General de Ferrocarriles.

Proyecto y dirección técnica
  La dirección de las obras le fue encomendada a José María Zaballa Carbó. Este profesional había nacido en la ciudad de Paraná (Entre Ríos) en 1887. Se inició en 1909 como profesor de matemáticas de la Escuela Industrial de la Nación y en 1910 ingresó a la Dirección Nacional de Puentes y Caminos. A1 crearse la Dirección Nacional de Vialidad fue designado Jefe de la Dirección de Buenos Aires. Bajo su supervisión se construyeron las grandes rutas provinciales: Buenos Aires-Rosario, Buenos Aires-Mar del Plata, Buenos Aires-Bahía Blanca. Tuvo actuación en el Automóvil Club Argentino y en el Centro Nacional de Ingenieros.
Las obras fueron proyectadas por la Dirección Técnica de la Dirección Nacional de Vialidad cuyo Ingeniero Jefe era Carlos Alonso y contó con la intervención del Departamento de Estudios y Proyectos a cargo del ingeniero Jorge Klinger. El proyecto contó con el apoyo de la Dirección Nacional de Vialidad de la Provincia de Buenos Aires a través del ingeniero Mario Fornari y el arquitecto Francisco Holonbeck. También participaron el ingeniero Carlos Thays de la Dirección General de Paseos, el arquitecto Héctor Ezcurra de la Dirección de Obras Públicas y el arquitecto Alberto Belgrano de la Dirección General de Arquitectura, todos ellos de la Municipalidad de la Capital.
  La confección del proyecto fue confiada al ingeniero Pascual Palazzo, quien tenía a sus órdenes a los ingenieros Lauro Olimpia Laura, León Laurent y al arquitecto Ernesto Vautier. Después de trazar las normas necesarias para el diseño geométrico del camino, dio término a la primera autopista construida en el país con toda la avanzada de la época: el park-way.
  Su hijo dice: "Ya era un ecologista en esa época. Fue el creador del concepto camino park-way: parque americano antes que en EE.UU. Creó el sistema de doble lazo de acceso a los puentes San Martín-Av. Del Tejar-Cabildo."
Pascual Palazzo sostenía que "La función del camino no culmina con la utilización como superficie de circulación, sino como una cuestión de alcance cultural que se prolonga en consecuencias espirituales creando lugares de bienestar". Y continuaba: "Su percepción produce al observador una reacción emocional".

Descripción general del proyecto
  La nueva avenida debía ser bella para quien la recorriese, cruzase y para los vecinos que quisieran disfrutarla paseándose en ella de solaz y descanso. Por ello se dio importancia al valor estético de la obra.
  Además iba a ser una vía de comunicación ultraveloz, de gran rapidez, seguridad, flexibilidad y comodidad de movimiento. No se permitiría el tránsito pesado de camiones; sólo algunos lo harían de noche para no ser vistos. Se preveía llegar en sólo 20 minutos desde el Riachuelo al Río de la Plata.
  El ancho nada frecuente haría posible la posición de calzadas especiales para los diferentes tipos de tráfico, estableciendo cómodos accesos y cruces del tráfico transversal y también prever plantaciones que hermosearan el conjunto.
Las reglas básicas del diseño de una vía moderna (parkway) para tráfico automotor requerían la supresión de corrientes encontradas, la separación del tráfico de sangre y peatones de la calzada para automotores (hoy es la colectora), la eliminación del estacionamiento sobre la calzada para tráfico veloz y la supresión del acceso directo de la propiedad frentista a esa misma calzada.
  Los fondos disponibles no permitían tan estricta obediencia a estos principios, por lo que se admitieron cruces a dos niveles para las grandes avenidas y líneas ferroviarias, por ejemplo Rivadavia, Juan B. Justo, San Martín, Del Tejar y Cabildo. Y se aceptaron cruces a nivel en forma de rond-point para tráfico medio y/o escaso. En este caso se diseñaron más o menos alargados, en el sentido de la avenida, según la importancia relativa del tráfico transversal. Ejemplo de ello son los cruces con las avenidas Del Trabajo (hoy Eva Perón), Juan B. Alberdi, Tres Cruces (Francisco Beiró) y América (Gral. Mosconi). Además se distribuyeron cuatro calzadas de 6 metros, dos para tránsito rápido centrales y otras dos para lento.
Perfil longitudinal y transversal de la avenida
  El nivel natural del terreno por donde debía correr la futura avenida presentaba amplios desniveles con suaves pendientes. Como es de suponer, estas características topográficas trajeron algunas dificultades. En los primeros ocho kilómetros a partir del Riachuelo subía en forma ondulada unos 20 metros, en los diez kilómetros siguientes perdía altura suavemente, más adelante el nivel volvía a ascender y bajaba de nuevo en pendiente acusada en sus últimos veinte kilómetros para llegar al Río de la Plata.
  Los niveles de calzada de tráfico lento respetaron fielmente el terreno, no así los de tráfico rápido. Esto último motivó enormes movimientos de tierra que originó taludes y cunetas utilizados por los paisajistas para ubicar sus plantaciones. En los cruces situados en terrenos altos se buscó el paso de la avenida por debajo o por arriba, según la conveniencia.
  También las pendientes pronunciadas fueron suavizadas mediante amplias curvas verticales para mantener la visibilidad. Otras veces fueron quebradas por criterio paisajista.

Disposición de calzadas y pavimentos
  Las calzadas destinadas a alta velocidad ocuparon la posición central. Las de tránsito lento forzosamente se ubicaron en los bordes para que fueran utilizadas por los propietarios con frentes a la avenida. Las sendas para jinetes, ciclistas y peatones pudieron ubicarse entre ambas vías.
  Se previó la construcción de pavimentos de dos fajas de hormigón armado de 6 metros de ancho cada una, separados entre sí por una franja central de igual ancho cubierta por arbustos y césped para impedir el encandilamiento.
El espesor del pavimento era de 15 cm. en su zona central y 18 cm. a los bordes con una armadura de acero de unos 3 kg/m2. A lo largo de las losas corría una junta longitudinal embutida y barras de acero de 1,2 metros de longitud espaciadas a 90 cm. Las juntas transversales de dilatación -de asfalto premoldeadas de 10 milímetros de espesorfueron colocadas cada diez metros.
  El dosaje del hormigón respondía a una mezcla compuesta de una parte de cemento, 2 de arena y 4 de pedregullo. Había un control estricto sobre la calidad del material que fiscalizaba el propio Director General. La obra insumió 30.000 toneladas de cemento portland, 80.000 metros cúbicos de piedra partida, 50.000 de arena, 6.000 toneladas de acero y 20.000 metros lineales de conductos y caños para desagües pluviales de 0,30 a 1,30 metros de diámetro.
Diseño de cruces y accesos
  El ancho de la nueva avenida permitió buenos accesos y cruces de circulación transversal. Fueron necesarias soluciones variadas para los cruces de acuerdo al caudal de circulación.
  La atravesaban nueve líneas ferroviarias, veinticuatro calles importantes de entrada a la ciudad por puentes o por túneles, tres rotondas (avenidas del Libertador, de los Constituyentes y Juan Bautista Alberdi), diecisiete óvalos de circulación especial y treinta y cuatro puentes (treinta de hormigón armado y cuatro metálicos).
  Tenía senderos para peatones, bicicletas y jinetes de trazado indeterminado, semejantes a las sendas que los hombres y los animales crean con su paso en el campo y en las montañas. A su vera se diseñaron casitas para los cuidadores y quince playas para juegos infantiles.
  Las plazoletas centrales y rotondas eran de forma elíptica muy alargada cuando el cruce era escaso y de eje mayor en los de mayor importancia. Acompañaba a esta plazoleta unos refugios que separaban el tráfico rápido del lento y facilitaban al peatón el acceso a la plazoleta central. Todas estaban sobreelevadas en unos 15 cm. y habían sido proyectadas en hormigón blanco a fin de aumentar su visibilidad.
  Los llamados tréboles no fueron utilizados con frecuencia en los cruces importantes, ello mayormente por la escasez de terrenos. Uno completo, con sus cuatro hojas, fue diseñado para la avenida Juan B. Justo, mientras otro de dos, se proyectó en la avenida América. El radio mínimo para cada rulo se fijó entre los 25 y 27 metros para las dos salidas y de 18 a 20 metros para los ingresos.
  El doble lazo lo inventó el ingeniero Palazzo. Resultó del estudio que encaró para evitar las costosas expropiaciones de terrenos en los cruces de arterias de mucho tráfico. Esta solución puede observarse en las salidas de las avenidas San Martín y Del Tejar.
En la avenida Rivadavia el problema se tornaba complicado porque estaban las vías del entonces Ferrocarril Oeste (ex Línea Sarmiento). Y no eran posibles los diseños hasta aquí mencionados (rond-point, doble lazo, trébol). Se adoptó una forma de rotonda desplazada con respecto al encuentro de los ejes de las arterias que se cruzaban. De este modo, se hizo pasar la avenida a alto nivel sobre las vías y Rivadavia para desarrollar dos de las calzadas de enlace dentro del ramal de la rotonda. No se hizo en forma elíptica como era conveniente por el alto costo de las expropiaciones, solución que también fue una idea original del ingeniero Palazzo.
Velocidad directriz
  El proyecto de la avenida de circunvalación de la ciudad de Buenos Aires introdujo un concepto nuevo para la época: la velocidad directriz. Esta idea se basaba en la habilidad media del conductor que, manejando con razonable atención, puede recorrer un trayecto determinado con un grado de seguridad aceptable. Fue a partir de este concepto que se diseñó cada sector de la nueva arteria vial: radio mínimo y longitud de curva, peraltes, ancho de calzadas y banquinas, tipo de cruce, sobreancho en los alineamientos curvos, detalles de seguridad en los puntos singulares del trazado y coeficiente de fricción mínimo admisible en la calzada.
Obras de arte
  Se denominan así las estructuras de los puentes, alcantarillas, muros de contención, pasarelas y cunetas. Algunas de estas estructuras estaban revestidas con piedra de Mar del Plata. Ocurría lo mismo que los muros de sostenimiento, según como armonizaran con el conjunto. Otras se cubrieron con un martelinado superficial, trabajo inédito en el país que se
ensayó con varios métodos, como la utilización de chorros de arena proyectados con máquinas neumáticas sobre revoque de cemento y el martinelado o abuchardado directo con máquinas neumáticas sobre el hormigón.
  Para las barandas se utilizó madera rústica de acacia, los recordados troncos dobles o simples.
Acondicionamientos paisajísticos
  La parquización de la nueva avenida fue todo un tema y una tarea de gran envergadura. Los movimientos del terreno facilitaron la tarea, pues las elevaciones muchas veces se usaron de mirador. Los volúmenes de tierras removidos en la zona cercana al cruce con el arroyo Maldonado sirvieron para las obras de entubamiento de este curso de agua.
  El ingeniero Palazzo decía: "Buenos Aires es pobre en parques, por lo tanto la Avenida será también un parque jardín, un nuevo pulmón de la ciudad, se plantarán 70.000 árboles de especies diferentes, con hojas permanentes y caducas. Algunas exóticas. Se instalarán Juegos infantiles y entretenimientos, una nota de particular atractivo para el viajero".
  La capacidad y experiencia de la Dirección de Paseos de la Municipalidad fueron puestas a prueba. Se encararon estudios de suelo y se confeccionaron planillas muy prácticas con datos de longevidad, rapidez de crecimiento, posición y adaptación climática de distintas especies vegetales, esto último como resultado de un relevamiento en extremo detallado. Todo árbol, arbusto y herbácea fue tratado con sentido naturista. Se dio preferencia a las especies autóctonas con las limitaciones derivadas de la falta de ejemplares, tanto en el comercio como en los viveros oficiales. Se utilizó la mayor cantidad de vegetación preexistente, conservándola en su sitio y transportando la que obstaculizaba la visibilidad de los conductores. La vegetación, por su ubicación, no debía entorpecer la visión de lejanía.
  Se usó el criterio de las grandes masas vegetales cortándose la doble fila de árboles. Otras veces la vegetación sirvió de cortina para tapar lo desagradable. En algunos casos se intentó dar la sensación de bosque cerrado colocando árboles de hojas caducas de gran altura en el centro de la calzada. Esto fue reforzado con otras especies menores de hojas persistentes en forma escalonada y decreciente hacia los bordes.
  Había zonas de hasta un kilómetro con plantaciones de pinos de diversos tipos entremezclados con otras especies, entre ellos álamos, tipas, araucarias, cipreses, palmeras, magnolias, ombúes, sauces, ceibos, cactus, eucaliptos, acacias, palo borracho, etc.
  Se suprimió el uso de carteles de propaganda y cables telefónicos y del telégrafo para evitar la distracción. Se obligó a un tratamiento adecuado de las fachadas y muros laterales visibles desde la avenida, con límite máximo de 10 metros de altura. También debieron construirse jardines al frente en una zona "non aedificandí" de 6 a 10 metros de profundidad como mínimo cerrada con cercos bajos reglamentarios.

Comienzan las obras
Las tareas fueron iniciadas el 8 de junio de 1937, divididas en dos tramos que se trabajaron simultáneamente. El primer tramo correspondió al sector comprendido entre el Riachuelo y Liniers, hasta la calle Cnel. Ramón L. Falcón. El segundo desde Liniers hasta el Río de la Plata. Se trabajaba diariamente de 7 a 11 y de 13 a 17, excepto los días de lluvia. Cuando se hormigoneaba debía seguirse la tarea hasta terminar para evitar que el material fraguara prematuramente. Las oficinas en obras donde funcionaba la dirección técnica administrativa fueron levantadas a la altura de la avenida del Trabajo.
  Para facilitar el traslado de materiales a medida que avanzaba la obra se utilizó una pequeña línea ferroviaria del sistema Decauville. Las vías, de 60 centímetros de trocha, fueron desplegadas del lado capitalino, por donde circulaba la pequeña locomotora arrastrando unas vagonetas volcadoras de dos ejes pertenecían a la firma Orestin y Kopel de origen germano.
  Tres empresas constructoras fueron contratadas para la obra. La Empresa Argentina de Cemento Armado de los ingenieros Garbarini, Moüer y Gorostiaga se hizo cargo del tramo comprendido entre el Riachuelo y la avenida Rivadavia (Km 9,6). La Compañía de Construcciones Civiles S.A. tomó 15 kilómetros de longitud desde el Río de la Plata. El pavimento de las dos calzadas centrales de hormigón armado entre las avenidas Del Trabajo y Rivadavia lo construyó la Empresa Sabaría y Garassino Ltda.
  El costo total presupuestado para la obra fue de 24 millones de pesos, monto que incluía las sumas a pagar por expropiaciones de los bienes necesarios para su realización. Los recursos fueron obtenidos por la Dirección Nacional de Vialidad, que en ese momento era un ente autárquico, a través de un impuesto especial de dos centavos a la nafta.
Inauguración
  Tuvo lugar el sábado 5 de julio de 1941. En el acto, la Dirección Nacional de Vialidad entregó de manera simbólica la avenida General Paz a la Municipalidad. El diario La Prensa del día anterior lo anunciaba en los siguientes términos:
  "Será inaugurada mañana la Avenida General Paz a las 15:30 hs. En la esquina de la citada Avenida y la calle Cabildo se efectuará la ceremonia oficial con la asistencia del Vicepresidente de la Nación en ejercicio del Poder Ejecutivo (Dr. Castillo), Ministros, Intendentes, Secretarios de Obras Públicas, de Hacienda, autoridades de la Dirección Nacional de Vialidad y otros funcionarios. Usará de la palabra en esta oportunidad el Ministro de Obras Públicas y el Presidente de la Dirección Nacional de Vialidad Ingeniero Emilio López Frugoni. Pronunciados los discursos la Municipalidad recibirá la obra, la cual será bendecida por el Cardenal Copello. Finalmente la Comitiva Oficial encabezada por el Vicepresidente recorrerá la nueva arteria. Con motivo de la inauguración, la Comisión Permanente de Fiestas de la Municipalidad preparó para mañana el siguiente programa de actos: A las 16 hs funciones de circo en las esquinas de la Avenida General Paz con Cabildo, Avenida San Martín, Avenida Rivadavia, Avenida del Trabajo. Además, a partir de las 18 hs. se quemarán fuegos artificiales y se realizarán exhibiciones de cinematografía en los lugares indicados"
   El mismo matutino daba cuenta de estos actos el domingo 7: "Se realizó ayer por la tarde la ceremonia de la inauguración de la Avenida General Paz ante una considerable concurrencia que ocupaba totalmente la nueva arteria, desde Blandengues hasta Avenida del Trabajo. Se sumaba la presencia del ex Presidente Agustín P Justo. Poco después de las 15:30, cuando las autoridades ocuparon los tres palcos... se dio comienzo al acto con la ejecución de la Banda Municipal de Música dirigida por el Maestro José María Castro". Recordemos, de paso, que actualmente Blandengues y avenida del Trabajo son avenida del Libertador y Eva Perón.
   Los oradores destacaron la belleza de la arteria que se abría al uso público, las explicaciones históricas y la importancia de los accesos a la Capital Federal. "Después de la bendición del cardenal Copello desde el palco oficial, el Vicepresidente cortó la cinta que se extendía a lo ancho de la Avenida... quedando así habilitada al tránsito la cual la recorrieron el Dr. Castillo y su Comitiva Oficial." La población de la Capital era en ese momento de aproximadamente 2.500.000 habitantes.
    Fue una obra de gran envergadura, una avenida sin obstáculos, "una hermosa arteria sin necesidad del uso de la bocina anunciándose paso, no se correrá el riesgo de llevarse por delante a un peatón descuidado, a un carro que cruce imprudentemente, la columna de tráfico correrá silenciosa y veloz a lo largo de la arteria".
La avenida General Paz hoy
    En los años 70 se amplió el tramo que va desde la avetada Lugones hasta el Acceso Norte. Se reemplazó la rotonda que estaba en la avenida Del Libertador por un distribuidor que agilizó el cruce de estas dos importantes arterias.
    En los años 90 se ejecutaron las grandes transformaciones. En virtud de la habilitación conferida por el artículo 11° de la Ley N° 23.696, el Poder Ejecutivo Nacional mediante el decreto N° 2.637 del 29 de diciembre de 1992 dispuso que la construcción, mejora, reparación, conservación, ampliación, remodelación, mantenimiento, administración y explotación de los caminos que integran la Red de Accesos a la Ciudad de Buenos Aires fueran encarados bajo el régimen de Concesión de Obra Pública por peaje previsto en la Ley N° 17.520, con las modificaciones de la N° 23.696.
  En la avenida General Paz no se cobra peaje por la inexistencia de caminos alternativos. Además la empresa Autopistas del Sol la reconstruyó a cambio del peaje que percibe en la Panamericana.
  El Capítulo V del Marco Reglamentario creó OCRABA (Organismo de Control de las Concesiones de la Red de Accesos a la Ciudad de Buenos Aires) que está encargada de la supervisión, inspección, auditoría y seguimiento de los contratos de la concesión y el lugar donde los vecinos deben llevar sus reclamos. Pero esto responde a la nueva avenida General Paz que merece otra monografía.
Una mirada personal
  Cuando la autora preparaba este trabajo volvía a su niñez, cuando vivía a dos cuadras de la General Paz. Los domingos era el paseo obligado. A la altura de la calle Santo Tomé estaban los juegos infantiles. Los chicos disputaban los sube y baja, hamacas y toboganes ante la mirada atenta de los mayores sentados en los troncos que decoraban la avenida.
  Todo el barrio se mostraba en la General Paz. Por las sendas la gente caminaba, algún petiso recorría los parques llevando a los más pequeños por unas monedas. El pochoclero hacía su domingo.
Ahora todo cambió. Hoy es una muralla horizontal imposible de franquear. Los vecinos frentistas perdieron su parque privado, muchos de sus añosos árboles, emigraron. Todo beneficio también tiene su costo. Ya pasó la época de las carretas, de los sullcys, del Ford a bigote. Son nuevos tiempos a los cuales es necesario saber adaptarse, pero no dejando de conservar una cierta nostalgia de lo vivido. Hoy nos damos cuenta de que la idea de Palazzo se cumplía perfectamente: Era un placer emocional disfrutarla. *..

Bibliografía:

MUNICIPALIDAD DE BUENOS AIRES, Planeamiento de Buenos Aires. Información Urbana, 1945.
ETCHART DOUZON, "Documentos de Historia Argentina Soberanía Territorial", Cesarini Hnos. Editores, Buenos Aires, 1983.
SERRANO, coronel Mario A., "La Capitalización de Buenos Aires y la Revolución de Carlos Tejedor ", Editorial Círculo Militar, Buenos Aires, 1995.
MAYOCHI, Enrique M., Recopilación Definitiva Buenos Aires, Copy Indugraf, Buenos Aires, 1986.
DIRECCION NACIONAL DEVIALIDAD, "LaAVenida General Paz".
BUSANICHE, José Luis, "Estampas del Pasado", Hyspamérica, Buenos Aires, 197 I .
DIRECCION NACIONAL DE VIALIDAD, Memorias de años 1934, 1935, 1936 y 1940.
BOLETIN DE OBRAS PUBLICAS DE LA REPUBLICA ARGENTINA, N° 57, Buenos Aíres, 1940.
LEIVA, Alberto David, "Fuentes para el estudio de la Historia Institucional Argentina", Eudeba, 1982.
La autora agradece al ingeniero Pascual Palazzo (hijo) por la gran cantidad de material que le proporcionara, y al doctor Ernesto Jiménez, quien trabajó en el comienzo de obras y le brindó información imprescindible para este trabajo.

¿Por qué avenida General Paz?
  Tal pregunta tiene su respuesta en las páginas ardientes de las luchas internas donde se debatieron el heroísmo, el amor a la Patria, los celos lugareños, las ambiciones y los grandes gestos de abnegación y desinterés. Con la Ley de Federalización de 1880 durante el gobierno de Avellaneda, comenzaba a cumplirse lo predicado por José María Paz: "El país necesitaba perfeccionar el régimen federal y la capitalización de Buenos Aires". Debieron transcurrir muchos años para que este pensamiento se concretase.
  El militar, político y estratega que dio nombre a la avenida nació en Córdoba en 1791. Se recibió de Bachiller y fue maestro en artes. Participó en distintas batallas (Tucumán 1812, Salta 1813). En Venta y Media perdió su mano derecha y a partir de entonces se lo llamó "el manco Paz".
  Fue Ministro de Guerra de Lavalle, derrotó a Quiroga en La Tablada y accedió a la gobernación de la provincia de Córdoba. Venció nuevamente a Quiroga en Oncativo pero cayó prisionero en 1831. Liberado en 1839, se exilió en Colonia. Volvió después de Caseros y defendió a Buenos Aires, durante el Sitio de Hilario Lagos. Fue ministro de Guerra. Digno testimonio de su vida y su época son sus conocidas "Memorias". Dejó de existir en 1854.

Pascual Palazzo (1890-1980)
  En 1915 se recibió de Ingeniero Civil con Diploma de Honor en la Facultad de Ciencias Exactas, Física y Matemáticas de la Universidad de Buenos Aires.
  Entre 1940 y 1952 fue profesor de Vías de Comunicación en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y en la cátedra de Planeamiento y Urbanismo de la Facultad de Ingeniería de la misma Universidad entre 1958 y 1965.
  Actuó como jefe de Proyecto y Construcción de puentes en la Dirección de Puentes y Caminos (anterior a la Dirección Nacional de Vialidad), Director y Vicepresidente de YPF ( 1943- 1946), Interventor de Vialidad Nacional (1955-1957), Director de Vialidad Nacional (1957-1958), Secretario de Estado de Obras Públicas ( 1959- 1961), Director de Sonrisa ( 1961 - 1968) y Vocal de la Comisión de Autopistas La Plata-Buenos Aires ( 1969- 1970).
          
            Publicó numerosos trabajos, entre ellos "Riego por elevación mecánica en el Neuquen", "Cálculo del puente suspendido sobre el río Quequén Grande" (Necochea, 1915), "El costo de la detención del tráfico" ( 1927), "Trazado del camino Luján-Mercedes"    (1928), "Criterio económico en el trazado de los caminos a pavimentar" ( I 93 ¡),"Cruce de las grandes rutas por los centros poblados" ( 1931l), "El tráfico en Buenos Aires. Evolución de la riqueza perdida I, II y III", donde propone una red de amplias arterias abriéndose en abanico para comunicar la zona central con Belgrano,Villa Urquiza, Villa Devoto, Liniers, Boedo y Avellaneda,"Reglamentación General del Tráfico", "Camino a Mar del Plata" (1934), "Dictamen técnico Boletín de Obras Públicas", "Ubicación de los edificios públicos en la ciudad de Buenos Aires" en colaboración con los arquitectos Beretervide,Vautiery Rocca,"Justo precio de tierra", "El diseño de una carretera como función de la velocidad directriz", "La Av. General Paz y su significado por la vialidad del país" y "La Av. General Paz: descripción técnica ( 1940).
* La autora es  historiadora e investigadora de la ciudad de Buenos Aires. Su artículo apareció en “Historias de la Ciudad – Una revista de Buenos Aires” (N° 11 – Septiembre de 2001), que ha autorizado su publicación a la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.

 
Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires. Venezuela 842,
CPA C1095AAR – Buenos Aires, Argentina - 4338-4900 interno 7532